
Mis queridas almas lectoras permítanme acercarles esta noche a una historia nacida entre la sal del mar y la memoria de los antiguos pueblos que habitaron las tierras que hoy llamamos Baja California Sur; un relato que no se grita, sino que se murmura entre las olas, como si el viento mismo guardara respeto por lo sucedido. Hay lugares donde la tierra calla… pero el mar recuerda, y en sus aguas, cuando la luna se posa con delicadeza, pueden distinguirse formas que hielan el aliento de quien las contempla.
Una vida bendecida por los dioses
Los vecinos comentan y algunos mayores afirman que en tiempos remotos, cuando los primeros hombres de Castilla apenas tocaban aquellas costas lejanas, los pueblos originarios vivían en calma, siguiendo los ciclos de la naturaleza, sin más ambición que la de subsistir en armonía con la tierra y el mar. Entre aquellas tribus, destacaba un jefe respetado y justo, cuya fortuna no residía en riquezas materiales, sino en el mayor de los tesoros: su hija.
La joven, de belleza serena y espíritu obediente, era motivo de orgullo para su padre. Cada noche, como quien siembra sabiduría en terreno fértil, el jefe le ofrecía consejos que ella guardaba con diligencia. Bien sabían los ancianos que una hija así era bendición que pocas veces concede la vida.
La llegada de lo desconocido
Un día, durante una de sus caminatas junto a la costa, la joven observó algo jamás visto: un navío reposaba en las aguas cercanas a la playa que hoy se conoce como Coromuel. Aquella estructura extraña despertó en ella la curiosidad que sólo lo nuevo puede provocar.
Del barco descendió un hombre… extranjero, fatigado por la huida, pero con la mirada firme. Fue entonces cuando el destino, caprichoso como pocas veces, cruzó sus caminos. Bastó un instante, apenas un suspiro del tiempo, para que entre ambos naciera un afecto tan profundo como imprudente.
El amor prohibido y la furia del honor
A partir de aquel encuentro, los amantes comenzaron a verse en secreto, amparados por el crepúsculo. Cada tarde avivaba la llama de un amor que no debía existir, pues la joven ya había sido prometida al más valiente de los guerreros de su pueblo.
Mas el amor, como bien decían los viejos, no conoce de acuerdos ni de promesas. Y así fue como el destino, que todo lo vigila, permitió que aquel secreto saliera a la luz. El prometido, al descubrir la traición, no dudó en enfrentar al extranjero. Ambos, hombres de temple y orgullo, se enfrascaron en un combate feroz, donde la razón cedió su lugar a la furia.
La caída y el silencio
En medio del combate, los dos hombres rodaron por un cerro cercano, y en su caída hallaron la muerte. No hubo victoria, no hubo honor… sólo silencio.
La joven, al enterarse, quedó atrapada entre dos abismos: el de la vergüenza ante su pueblo y el de la culpa que le desgarraba el alma. Incapaz de enfrentar cualquiera de los dos destinos, eligió el único camino que le parecía posible… seguir a aquellos hombres en la muerte.
Y así, sin más testigo que el viento, se arrojó al mismo sitio donde ellos habían caído.
El misterio que aún vigila desde el mar
Dicen quienes conocen el lugar, que el mar jamás olvidó aquel suceso. Con el paso del tiempo, en sus aguas se formaron tres figuras que asemejan calaveras. La más grande, afirman, pertenece a la joven princesa; a su lado, como guardianes eternos, permanecen las otras dos, representando a los hombres que la amaron… y por ella murieron.
Y aunque los años han pasado como hojas llevadas por el viento, hay quienes aseguran que al caer la noche, las olas murmuran su historia, como si el amor, aun en la muerte, se negara a desaparecer.
El corazón humano, mis estimados, es como el mar: sereno en apariencia, pero capaz de desatar tormentas cuando se le desafía. Y quien juega con los sentimientos ajenos, tarde o temprano, termina pagando el precio que ni el tiempo puede borrar.
A su mercé…
Si este relato fue de su agrado, humildemente pido nos ayude compartiéndolo a sus familiares y allegados durante una reunión en una negra noche. O por medio de un compartir en su red social. Si la leyenda atenta a su cultura, pues es distinta a la alojada en su memoria, pido a su mercé que sea indulgente, pues es así como el relato llegó a mis oídos y es mi forma particular de compartirla.
Recuerde que, por ser leyenda, puede o no tener una base real y contener una increíble dosis de libertad literaria, ya sea por la región donde fue relatada o por quien la narra.
Hasta la próxima, garbancer@s.
Basado en la obra de Ediciones Horus, Leyendas de Baja California Sur
