
Querétaro, ciudad de cantera rosada y silencios largos, guarda sus secretos no sólo en los archivos ni en los muros de los conventos, sino bajo la planta de los pies de quienes la caminan distraídos.
Desde niño escuché —como muchos— que bajo sus calles corrían túneles oscuros, largos como pecados viejos, por donde emperadores escapaban y curas se escondían. Y como toda buena leyenda, ésta nació del asombro, creció con el miedo y se afianzó con la repetición.
La huida…
Los vecinos comentan y algunos mayores afirman que durante los días aciagos del Sitio de Querétaro, cuando el cañón no dejaba dormir y la pólvora se metía hasta en la sopa, el emperador Maximiliano de Habsburgo no pudo haber salido a pie por las calles, pues cualquiera lo habría reconocido: alto, rubio, de ojos claros y vestido como europeo en tierra de morenos.
Decían los viejos que escapó por un túnel secreto, desde el Convento de la Cruz hasta el Cerro de las Campanas, burlando al ejército republicano y dejando tras de sí sólo el eco de su derrota.
El origen del rumor
La leyenda tomó fuerza porque, efectivamente, cuando las tropas entraron al Convento de la Cruz, Maximiliano ya no se encontraba en su celda. Aquello bastó para que la imaginación popular hiciera su trabajo.
Pero el paso del tiempo, los documentos y las voces de cronistas serios —como el doctor Jaime Zúñiga Burgos— pusieron las cosas en su lugar.
La acequia madre: el túnel verdadero
Lo que muchos llamaron “túneles secretos” no eran otra cosa que los restos de la gran acequia madre, una obra hidráulica colonial que llevaba agua del río Querétaro hacia el centro de la ciudad.
Cuando el acueducto entró en funciones y el río perdió caudal, la acequia quedó en desuso. Entonces fue reutilizada: como drenaje, cisterna, bodega… incluso como bar y, en tiempos de persecución religiosa, como capilla clandestina.
Estas galerías, de hasta cuatro metros de ancho por tres y medio de alto, pasaban bajo casas particulares, patios y conventos: Madero, Juárez, San Francisco, la antigua Universidad y más.
Usos ocultos y hallazgos fortuitos
No faltaron quienes, escarbando en sus patios, dieron con escaleras de piedra que descendían a la oscuridad. Hubo bodas secretas, misas susurradas, fugas de presos —como la de 1957— y accesos discretos para gobernantes, como el famoso Paso del Gato en Palacio de Gobierno.
Todo ello alimentó la leyenda… pero no la confirmó.
La verdad incómoda
El túnel no fue construido para que escapara Maximiliano. La geología del terreno, los tiempos y la ausencia total de obra gubernamental lo hacen imposible. La huida por túnel pertenece al reino del imaginario popular, no al de la ingeniería ni al de la historia documentada.
Y sin embargo…
aunque la razón desmienta al mito, el mito sigue caminando solo. Porque los pueblos no sólo recuerdan lo que ocurrió, sino lo que necesitaban creer para explicar lo incomprensible.
A su mercé…
Si este relato fue de su agrado, humildemente pido nos ayude compartiéndolo a sus familiares y allegados durante una reunión en una negra noche. O por medio de un compartir en su red social. Si la leyenda atenta a su cultura, pues es distinta a la alojada en su memoria, pido a su mercé que sea indulgente, pues es así como el relato llegó a mis oídos y es mi forma particular de compartirla.
Recuerde que, por ser leyenda, puede o no tener una base real y contener una increíble dosis de libertad literaria, ya sea por la región donde fue relatada o por quien la narra.
Hasta la próxima, garbancer@s.
Basado en la obra de Jaime Zúñiga Burgos, Cronista del Estado de Querétaro y del municipio del Marques
Anécdotas y leyendas queretanas
