
Mis queridas almas lectoras hay sitios donde el agua no solo refleja la luna, sino también los recuerdos de aquello que no descansa. En el sur de Tamaulipas, donde la bruma abraza la tierra y el silencio se vuelve cómplice de lo desconocido, la laguna del Champayán guarda un secreto que no todos comprenden, pero muchos respetan.
Pues no toda aparición viene a causar desgracia… algunas, aunque dolientes, traen consigo la bendición de la abundancia.
La guardiana de los pescadores
Los vecinos comentan y algunos mayores afirman que… cuando la noche ha cubierto la laguna y las lanchas apenas se mecen en la quietud del agua, un lamento se deja oír entre la brisa. No es un grito cualquiera, sino uno que hiela la sangre y eriza el alma.
Es entonces cuando los pescadores, curtidos por el tiempo y la fe, saben que ella ha llegado. La llaman la abuelita de los pescadores, una figura envuelta en blanco que camina lentamente entre la oscuridad, con cabellos canosos que parecen moverse al compás de su pena eterna.
Entre miedo y respeto
A diferencia de otras historias donde la Llorona anuncia tragedia, en estas tierras su presencia ha tomado otro significado. Dicen que no solo se aparece a hombres solitarios, sino también a grupos enteros, como si vigilara a todos por igual. Su andar no es apresurado, ni su llanto furioso… es un lamento profundo, antiguo, como el de quien ha llorado tanto que ya solo queda el eco de su dolor.
Cuando la fortuna llega con el lamento
Muchos pescadores han relatado que antes de zarpar, mientras preparan sus redes bajo la tenue luz de la madrugada, han escuchado su voz. Algunos incluso aseguran haberla visto claramente, de pie a la orilla del agua. Y lejos de huir, como haría cualquiera en otras circunstancias, estos hombres del lago inclinan la cabeza con respeto. Pues saben bien que su presencia no es mal augurio… sino todo lo contrario.
El regalo de la abundancia
Se dice que cuando la abuelita de los pescadores se manifiesta, la laguna se vuelve generosa. Las redes regresan llenas, los peces abundan y las familias encuentran alivio en su mesa. Así, lo que para unos sería terror, para otros es esperanza. Y en ese curioso giro del destino, la figura de la Llorona deja de ser símbolo de desgracia para convertirse en un presagio de prosperidad.
Una leyenda que aún respira
Quienes viven cerca del Champayán no dudan en contar sus encuentros, y aunque algunos forasteros lo tomen como simple superstición, basta pasar una noche en sus orillas para comprender que hay cosas que no se explican… solo se sienten. Y como bien decía un viejo pescador: “No todo lo que llora viene a quitar… hay quien llora para dar.”
A veces, muchacho, la vida enseña que no todo lo que asusta es enemigo… y no todo lo que duele viene a destruir. Hay penas que, al compartirse con el mundo, se vuelven bendición para otros.
A su mercé…
Si este relato fue de su agrado, humildemente pido nos ayude compartiéndolo a sus familiares y allegados durante una reunión en una negra noche. O por medio de un compartir en su red social. Si la leyenda atenta a su cultura, pues es distinta a la alojada en su memoria, pido a su mercé que sea indulgente, pues es así como el relato llegó a mis oídos y es mi forma particular de compartirla.
Recuerde que, por ser leyenda, puede o no tener una base real y contener una increíble dosis de libertad literaria, ya sea por la región donde fue relatada o por quien la narra.
Hasta la próxima, garbancer@s.
Basado en la obra de Josué García, La Llorona del Champayán: una aparición que da buena suerte a los pescadores, publicado en el Sol de Tampico.
