
Mis queridas almas lectoras hay lugares donde el tiempo no muere, sino que se queda suspendido, como si aguardara en silencio a que alguien vuelva a pronunciar su nombre. Tal es el caso de Chicomoztoc, enclave antiguo cuyo aliento aún se percibe entre piedras milenarias, como si la tierra misma recordara lo que los hombres han olvidado.
En el corazón del valle de Tuitlán, próximo a Villanueva, Zacatecas, se alza esta ciudad de piedra que parece haber sido levantada no sólo para los vivos… sino también para los que partieron. Y es que no toda ruina está abandonada, ni todo silencio está vacío.
Una ciudad tallada en la memoria de la piedra
Los vecinos comentan y algunos mayores afirman que Chicomoztoc fue más que una fortaleza: fue un refugio sagrado, un bastión levantado con tal precisión que sus muros aún desafían al tiempo.
Dos pirámides custodian su entrada, como viejos guardianes de un umbral olvidado. Tras ellas, un gran patio cuadrado abre paso a columnas robustas, como troncos petrificados que alguna vez sostuvieron techumbres majestuosas. Más allá, las casas redondas, los largos aposentos de sacerdotes y doncellas, y los palacios de gobernantes hablan de una vida ordenada… y de secretos que no debían ser revelados.
Se dice que cada piedra fue colocada con intención, como si los antiguos constructores conocieran el peso exacto del destino.
El origen del recinto sagrado
Elevada en la cima del llamado Cerro de los Edificios, esta ciudad se erigía como un centro de poder y devoción. No era sólo un lugar de gobierno, sino un santuario donde lo divino y lo terrenal se entrelazaban.
Los caminos que conducían a Chicomoztoc eran amplios, firmes, y estratégicamente diseñados. Algunos llevaban a otras estructuras, otros parecían perderse entre montañas lejanas… como rutas destinadas a quienes no regresaban.
Las murallas, conocidas como Tenamil, eran tan resistentes que, según cuentan, podían rechazar las flechas enemigas. Mas no hay defensa contra aquello que no pertenece al mundo de los vivos.
El día en que la muerte dejó de ser final
En lo más profundo del recinto existía un espacio destinado al descanso eterno. Pero no era un lugar de tristeza, sino de transformación.
Los antiguos creían que ahí comenzaba otro viaje.
Afirmaban que los muertos no desaparecían, sino que eran recibidos en una mansión celestial donde habitaba el Sol. En aquel sitio no existía el tiempo: no había días ni noches, ni el paso de los años. Todo era gozo perpetuo.
Los caídos en batalla y los cautivos que morían lejos de su hogar eran los elegidos para este destino. Convertidos en aves de plumaje resplandeciente, recorrían cielos y tierras, alimentándose del néctar de flores eternas.
Y así, la muerte dejaba de ser castigo… para convertirse en privilegio.
El eco de los que aún permanecen
Hoy en día, quien visita Chicomoztoc puede sentir algo difícil de explicar. No es sólo el viento que roza las piedras ni el silencio del paisaje… es una presencia.
Algunos aseguran haber escuchado murmullos al caer la tarde. Otros dicen que las sombras se alargan más de lo debido, como si buscaran alcanzar a los vivos.
Quizá no sean más que juegos de la imaginación… o quizá, como bien decían los antiguos, hay lugares donde los mundos se tocan.
Y Chicomoztoc… bien podría ser uno de ellos.
“No todo lo que permanece en pie está vivo… ni todo lo que yace en ruinas ha muerto. Hay memorias que se aferran más fuerte que la carne.”
A su mercé…
Si este relato fue de su agrado, humildemente pido nos ayude compartiéndolo a sus familiares y allegados durante una reunión en una negra noche. O por medio de un compartir en su red social. Si la leyenda atenta a su cultura, pues es distinta a la alojada en su memoria, pido a su mercé que sea indulgente, pues es así como el relato llegó a mis oídos y es mi forma particular de compartirla.
Recuerde que, por ser leyenda, puede o no tener una base real y contener una increíble dosis de libertad literaria, ya sea por la región donde fue relatada o por quien la narra.
Hasta la próxima, garbancer@s.
Basado en la obra de Tomas Dimas Arenas, Leyendas del estado de Zacatecas.
En lo alto de un cerro olvidado… existe un lugar donde la muerte no era el final.
Las almas, dicen, se convertían en aves de luz y volaban hacia el cielo del Sol… donde no hay tiempo, ni dolor, ni despedidas.
Chicomoztoc aún guarda ese secreto.
🕯️ Descubre la historia en el enlace de la bio.
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