
Mis queridas almas lectoras, hay historias que no sólo se cuentan, sino que parecen quedarse suspendidas en el aire, como el eco de un suspiro que se rehúsa a morir. En los viejos muros de Zacatecas, donde la piedra guarda memorias y la noche viste de silencio cada rincón, existe una historia que se murmura con respeto y temor: la de una mujer que amó tanto, que ni la muerte pudo liberarla de su pena.
Una promesa de amor en tiempos antiguos
Los vecinos comentan y algunos mayores afirman que en los años en que la ciudad apenas contaba con un solo hospital, trabajaban en él dos jóvenes de buen nombre: un médico de porte gallardo y una enfermera cuya belleza era tan delicada como su carácter. Entre turnos, pasillos y desvelos, el cariño creció hasta convertirse en promesa, y no tardaron en anunciar su unión en sagrado matrimonio. Todo parecía dispuesto para la dicha, mas el destino —caprichoso como suele ser— ya había escrito otra historia.
El viaje que jamás tuvo regreso
El joven médico partió hacia su tierra natal, en Tamaulipas, con la intención de invitar a los suyos a la celebración. Sin embargo, en el trayecto, un accidente funesto le arrebató la vida sin previo aviso. No hubo despedida, ni palabras finales, ni consuelo posible. La noticia llegó como cuchillo frío al corazón de la enfermera, quien aquella noche cumplía guardia bajo la tenue luz de los candiles, ignorando aún que su vida estaba por quebrarse en dos.
La noche del suceso fatal
Dicen que la noche era particularmente helada, y que el viento parecía murmurar presagios entre los pasillos en construcción del hospital. Al enterarse de la tragedia, la joven no pronunció palabra alguna. Caminó en silencio hasta el segundo nivel, donde las obras apenas levantaban nuevos pabellones, y sin vacilar, se arrojó al vacío.
La fatalidad, cruel en su precisión, quiso que su cuerpo cayera sobre fierros puntiagudos, arrebatándole la vida de manera instantánea… y de forma tan violenta, que su cabeza quedó separada de su cuerpo. Así terminó su historia terrenal: una novia que jamás llegó al altar, una vida truncada por el peso de un amor imposible.
El regreso de quien no encontró descanso
Mas hay almas que no saben partir. Con el paso de los años, comenzaron a surgir relatos inquietantes entre pacientes y trabajadores. Algunos aseguraban haber sido atendidos por una enfermera vestida de blanco impecable, con una capa de terciopelo azul que ya no pertenecía a la vestimenta moderna. Su presencia era serena, su trato gentil… demasiado perfecto para ser humano.
Otros, con voz temblorosa, confesaban haber intentado mirar su rostro, sólo para encontrarse con una ausencia imposible de describir. Nadie ha logrado detallar sus facciones, como si la memoria misma se negara a retenerlas.
El eco de los testigos
En los pasillos solitarios, cuando la noche se espesa y el murmullo del mundo se apaga, algunos dicen escuchar un llanto suave, persistente, como el de alguien que aún espera. Los enfermos hablan de manos frías pero cuidadosas, de pasos silenciosos que no dejan huella, y de una figura que aparece justo cuando más se le necesita… para luego desvanecerse sin dejar rastro.
Se dice que no es maligna, ni busca causar daño. Sólo permanece, atrapada en la pena de un amor que no pudo consumarse, cumpliendo eternamente el deber que la vida le asignó.
Hay dolores, muchacho, que ni la tierra logra sepultar. Y quien se entrega por completo al amor, corre el riesgo de quedarse atado a él… incluso más allá de la muerte.
A su mercé…
Si este relato fue de su agrado, humildemente pido nos ayude compartiéndolo a sus familiares y allegados durante una reunión en una negra noche. O por medio de un compartir en su red social. Si la leyenda atenta a su cultura, pues es distinta a la alojada en su memoria, pido a su mercé que sea indulgente, pues es así como el relato llegó a mis oídos y es mi forma particular de compartirla.
Recuerde que, por ser leyenda, puede o no tener una base real y contener una increíble dosis de libertad literaria, ya sea por la región donde fue relatada o por quien la narra.
Hasta la próxima, garbancer@s.
Basado en la obra de Angeles García Piña, Provincia mexicana, sus leyendas.
