
Mis queridas almas lectoras… hay historias que nacieron antes de los caminos de piedra, antes de las campanas de las iglesias y aun antes de que el hombre creyera dominar la tierra con herramientas y palabras. Son relatos antiguos como el humo del copal y tan vivos como el eco del viento entre los mezquites del norte.
En las áridas tierras de Sonora, donde el sol castiga la tierra con furia y las noches parecen guardar secretos en cada sombra, la tribu Yaqui conservó durante generaciones una leyenda nacida en tiempos de desesperación. Una historia que habla de sequías crueles, de dioses temperamentales y de un pequeño ser cuya astucia logró lo que ni los hombres más sabios pudieron conseguir.
Los vecinos comentan y algunos mayores afirman que… cuando la tierra se agrieta y las nubes se esconden demasiado tiempo, todavía puede escucharse entre los charcos el eco burlón de Bobok.
La sequía que enfermó a la tierra
Hubo una época oscura para los pueblos Yaquis. El cielo parecía haber olvidado el camino hacia los campos y el agua desapareció lentamente de los arroyos y pozos. Las cosechas morían antes de nacer y el hambre comenzó a caminar entre las chozas como un visitante maldito.
Los ancianos encendían fogatas ceremoniales mientras las mujeres elevaban plegarias al firmamento. Los niños, débiles por la sed, observaban las grietas del suelo como si la tierra misma estuviera muriendo frente a sus ojos.
En aquellos días, los ocho sabios de la región decidieron pedir ayuda a Yuku, el poderoso dios de la lluvia. Se decía que sólo él podía abrir las puertas del cielo y permitir que el agua descendiera nuevamente sobre los hombres.
Mas bien decía mi abuelo que “cuando la desesperación entra por la puerta, la prudencia suele salir por la ventana”.
El gorrión y el halcón del cielo
Los sabios enviaron primero a un pequeño gorrión, criatura veloz y ligera, para llevar el mensaje hasta las alturas celestiales. El ave atravesó los vientos ardientes hasta llegar ante Yuku, quien escuchó el ruego del pueblo con aparente benevolencia.
El dios prometió enviar lluvia inmediatamente.
Y así lo hizo.
Desde el cielo cayó un aguacero brutal, furioso y breve como el golpe de un látigo. El agua descendió con tanta fuerza que el pobre gorrión murió antes de tocar nuevamente la tierra.
El pueblo lloró su pérdida, pero la necesidad era mayor que el miedo.
Entonces enviaron a un halcón, fuerte y orgulloso, creyendo que resistiría mejor la tormenta divina. Pero la voluntad de Yuku volvió a manifestarse con violencia, y el ave terminó igualmente destruida por la furia de las aguas.
La esperanza comenzó a apagarse entre los Yaquis como una vela consumida por el viento.
Bobok, la última esperanza de Bácum
Cuando toda alternativa parecía perdida, los líderes recordaron a Bobok, un sapo nacido en la región de Bahkwan, hoy conocida como Bácum.
Bobok no era fuerte ni imponente. Tampoco poseía alas para tocar el cielo. Pero tenía algo más peligroso que la fuerza: la astucia.
Cuentan que ningún depredador podía atraparlo y que siempre encontraba la manera de escapar aun del peor de los peligros. Por ello, los ancianos depositaron en él la última esperanza de su pueblo.
Construyeron entonces un extraño artefacto que pudiera elevarlo hacia las nubes. Dos murciélagos enormes ayudaron a transportar al anfibio por encima de los cerros y las corrientes de aire ardiente hasta alcanzar el reino de Yuku.
Y aunque parezca increíble, el dios recibió al pequeño sapo con la misma promesa que había dado a las aves.
El diluvio guiado por la voz del sapo
Bobok comprendió rápidamente lo ocurrido con los otros mensajeros. Sabía que la lluvia de Yuku descendía con furia suficiente para destruir a cualquiera que intentara regresar.
Pero Bobok no era ingenuo.
Cuando el dios abrió nuevamente las puertas del cielo, el sapo se escondió entre las nubes antes de que comenzara el aguacero. Desde ahí observó cómo el agua caía sobre la tierra con violencia descomunal.
Yuku, al notar la desaparición del mensajero, creyó que Bobok había escapado hacia el mundo de los hombres. Furioso, ordenó entonces a las lluvias buscarlo por toda la región.
Fue así como el cielo entero se convirtió en tormenta.
Relatan los antiguos que Bobok comenzó a hablar desde distintos puntos entre las nubes, confundiendo al dios con su voz. A veces sonaba al norte, otras al sur, otras detrás del trueno mismo.
Yuku descargó entonces ríos completos sobre la tierra intentando encontrarlo.
Mas mientras el dios perseguía el eco engañoso del sapo, el agua comenzó a llenar los ríos secos, los pozos vacíos y los campos moribundos del pueblo Yaqui.
Aquella tormenta salvó la región.
Y Bobok, pequeño y silencioso, logró sobrevivir oculto entre la lluvia.
El eco de los antiguos relatos Yaquis
Desde entonces, muchos habitantes de las regiones cercanas aseguran que los sapos anuncian la llegada de la lluvia porque son descendientes del astuto Bobok. Algunos ancianos incluso afirman que, durante las tormentas más intensas, puede escucharse una especie de croar extraño mezclado entre los truenos.
Para el pueblo Yaqui, esta leyenda no sólo habla de magia o de dioses antiguos. También recuerda que la inteligencia y la paciencia pueden vencer incluso a las fuerzas más temibles.
Porque a veces, mis queridas almas lectoras, el más pequeño termina salvando aquello que los grandes no pudieron proteger.
Nunca desprecie usted al humilde ni al silencioso. El río más profundo suele correr sin hacer escándalo, y muchas veces la astucia vale más que cien espadas levantadas al cielo.
A su mercé…
Si este relato fue de su agrado, humildemente pido nos ayude compartiéndolo a sus familiares y allegados durante una reunión en una negra noche. O por medio de un compartir en su red social. Si la leyenda atenta a su cultura, pues es distinta a la alojada en su memoria, pido a su mercé que sea indulgente, pues es así como el relato llegó a mis oídos y es mi forma particular de compartirla.
Recuerde que, por ser leyenda, puede o no tener una base real y contener una increíble dosis de libertad literaria, ya sea por la región donde fue relatada o por quien la narra.
Hasta la próxima, garbancer@s.
Basado en la obra de Mario Villagrán, México Tierra de Leyendas
