
Cuando la noche se hace profunda y el silencio se cierne sobre las calles como un manto, es cuando los susurros del más allá parecen más claros. Mis queridas almas lectoras, en los rincones de Guadalupe, Nuevo León, donde el Cerro de la Silla vigila desde las alturas, se cuenta una historia que pocos se atreven a olvidar…
Mañana se cumplen 17 años
Los vecinos comentan y algunos mayores afirman que la madrugada del 16 de enero de 2004, cuando el reloj apenas marcaba las tres de la mañana, el oficial Leonardo Samaniego patrullaba las calles silenciosas de la colonia Valles de la Sierra en Guadalupe. El aire helado de la madrugada era un susurro, y sus pasos se deslizaban sobre el pavimento como sombras.
Todo iba como en una noche común de vigilancia, hasta que una sombra extraña apareció a lo lejos, colgando de un árbol. Leonardo, con la mente alerta, pensó que era una bolsa de basura atrapada entre las ramas… hasta que esa forma cayó frente a su patrulla sin tocar jamás el suelo. Algo volaba, pero no como ave ni murciélago: levitaba, como suspendido entre este mundo y otro.
Detuvo su unidad. Los faros iluminaron una figura femenina, envuelta en negro, su rostro oculto bajo una capucha profunda, y unos ojos completamente negros, sin párpados, que parecían absorber la luz misma. La criatura apartaba la mirada de los focos como si estos le quemaran la piel.
— “Nunca había visto algo así… ni humano ni de este mundo…” — murmuró Leonardo, voz entrecortada por el miedo.
La figura avanzó sin tocar el suelo, flotando hacia la patrulla como si fuera un susurro hecho carne. Leonardo, paralizado por el terror, apenas tuvo tiempo de reaccionar: la entidad se abalanzó sobre el parabrisas, arañando el vidrio como si quisiera penetrar la barrera de metal que lo separaba de ella.
El oficial pidió ayuda por radio, retrocedió con torpeza y, entre el pánico y la incredulidad, perdió el conocimiento. Cuando sus compañeros llegaron, encontraron el automóvil estrellado y a Leonardo inconsciente. La bruja había desaparecido, pero su presencia quedó instalada en la memoria del hombre para siempre.
Testimonios y secuelas
Tras el suceso, vecinos aseguraron haber visto sombras que se posaban en los tejados esa misma noche, figuras que se movían como ecos de la bruja entre las sombras del Cerro de la Silla.
Varios medios y documentales retomaron el caso, incluso relacionándolo con figuras de otros encuentros paranormales. Algunos investigadores vincularon esta aparición con relatos como el del Monstruo de Flatwoods, debido a las similitudes en la forma y presencia de la entidad.
Mis queridas almas lectoras… las leyendas como esta, aunque envueltas en misterio, nos recuerdan que el mundo que caminamos de día puede ser muy distinto cuando cae la noche. Ya sea fruto de la mente, reflejo de antiguas creencias o algo que no queremos —o no podemos— explicar, esta historia cautiva y estremece por su crudeza y por cómo une nuestra imaginación con lo inexplicable. Sea bruja, sombra o eco de otras realidades, su relato permanece en la memoria de quienes se atreven a escuchar.
A su mercé…
Si este relato fue de su agrado, humildemente pido nos ayude compartiéndolo a sus familiares y allegados durante una reunión en una negra noche. O por medio de un compartir en su red social. Si la leyenda atenta a su cultura, pues es distinta a la alojada en su memoria, pido a su mercé que sea indulgente, pues es así como el relato llegó a mis oídos y es mi forma particular de compartirla.
Recuerde que, por ser leyenda, puede o no tener una base real y contener una increíble dosis de libertad literaria, ya sea por la región donde fue relatada o por quien la narra.
Hasta la próxima, garbancer@s.
Una versión creada por El Cronista Garbancero
a partir de la leyenda popular.
