
El cerro Macuiltépetl guarda un silencio peculiar. No es el silencio del campo ni el de la madrugada tranquila… es un silencio que observa.
Quienes han caminado sus veredas al caer la noche saben que el viento no siempre es viento, y que entre los troncos viejos del olmo se esconden presencias antiguas.
En los pueblos cercanos, los abuelos hablan de encuentros imposibles, de animales que no son animales y de hombres que caminan sin mostrar el rostro.
Entre esas historias, una persiste como un murmullo que no termina de morir: la de Don Cayetano y el tlacuache del costal.
El encuentro bajo el olmo
Los vecinos comentan y algunos mayores afirman que Don Cayetano era hombre de campo, curtido por el sol y las milpas, de palabra breve y paso firme. No era creyente de espantos ni de cuentos de comadres; decía que los fantasmas sólo asustan a quien les presta oído.
Aquella noche, sin embargo, el cerro lo haría cambiar de parecer.
La luna llena caía redonda sobre el Macuiltépetl cuando Don Cayetano regresaba a casa. Al pasar junto a un viejo olmo, vio la silueta de un hombre apoyado en el tronco. Vestía traje negro de charro, bien planchado, con espuelas que tintineaban suavemente al moverse.
El desconocido lo saludó con voz serena, invitándolo a caminar.
Don Cayetano aceptó, quizá por cortesía… quizá por algo más profundo que ni él supo explicar.
El paseo que no parecía de este mundo
Caminaron por veredas que Don Cayetano conocía, pero que esa noche parecían distintas: más largas, más silenciosas, más frías.
El charro hablaba con naturalidad, como viejo amigo. Le contó historias del cerro, de tesoros enterrados, de ánimas que no hallaron descanso y de hombres que aprendieron a cambiar de piel.
Lo extraño era que, por más que Don Cayetano intentaba verlo de frente, el rostro del charro quedaba siempre en sombra. Ni la luna ni la cercanía lograban revelarlo.
El sonido de las espuelas marcaba el paso, metálico y constante, como si midiera el tiempo de aquel extraño recorrido.
La revelación del animal
En un descuido, Don Cayetano volteó hacia el sendero… y al volver la mirada, el charro ya no estaba.
En su lugar, un tlacuache lo observaba desde el suelo, con ojos brillantes y una quietud poco natural. No huyó. No gruñó. Sólo lo miró.
El campesino, confundido pero práctico, pensó en la cena. Lo tomó con cuidado y lo metió en un costal, amarrándolo con fuerza. “De aquí no sales”, murmuró.
En casa, colgó el costal de una viga y se fue a dormir, satisfecho con la captura.
El costal vacío
Al amanecer, el sol entraba tibio por las rendijas cuando Don Cayetano tomó el cuchillo para preparar el animal.
El costal seguía allí, colgado, firme, bien cerrado.
Pero al abrirlo…
No había nada.
Ni rasguños. Ni agujeros. Ni rastro de escape.
El tlacuache había desaparecido.
Dicen que en ese momento, un tintinear leve —como de espuelas lejanas— cruzó el patio. Don Cayetano dejó el costal caer y jamás volvió a caminar solo por el Macuiltépetl.
Y mire usted, muchacho… el campo tiene sus secretos.
Hay animales que son más viejos que el monte y hombres que saben andar en piel ajena. El tlacuache, travieso por naturaleza, siempre ha sido mensajero entre mundos; y cuando aparece en relatos de transformación, no suele ser casualidad.
Tal vez Don Cayetano atrapó a un nahual.
Tal vez el cerro le mostró una advertencia.
O tal vez —como dicen los viejos— hay encuentros que no deben intentarse comprender.
A su mercé…
Si este relato fue de su agrado, humildemente pido nos ayude compartiéndolo a sus familiares y allegados durante una reunión en una negra noche. O por medio de un compartir en su red social. Si la leyenda atenta a su cultura, pues es distinta a la alojada en su memoria, pido a su mercé que sea indulgente, pues es así como el relato llegó a mis oídos y es mi forma particular de compartirla.
Recuerde que, por ser leyenda, puede o no tener una base real y contener una increíble dosis de libertad literaria, ya sea por la región donde fue relatada o por quien la narra.
Hasta la próxima, garbancer@s.
Basado en la tradición oral veracruzana recopilada en Historias, cuentos y leyendas de Xalapa.
