
Hubo un tiempo en que Reino Mágico se llenaba de risas, globos y familias enteras buscando un respiro de la rutina. Pero antes de los columpios y los juegos mecánicos, ese mismo suelo fue cementerio, morada final de quienes partieron sin imaginar que, décadas después, su descanso sería cubierto por concreto y música infantil.
Cuando el parque envejeció y el silencio comenzó a ganar terreno, las historias despertaron. Y entre todas ellas, ninguna resulta tan inquietante como la de una niña pequeña que, dicen, aún se sienta en las bancas al caer la tarde… con frío, mucho frío.
La niña…
Los vecinos comentan y algunos mayores afirman que en Reino Mágico se aparece la niña del suéter. Cuentan que, cuando el parque aún funcionaba y las familias acudían los fines de semana, una mujer llegó con su hija para pasar la tarde. Mientras la pequeña jugaba, la madre notó a otra niña sentada cerca del área de juegos, sola, con los brazos cruzados y el rostro pálido.
La menor vestía de manera sencilla y temblaba.
Al acercarse, la niña le dijo con voz suave que su mamá la había llevado a jugar y que regresaría más tarde por ella, pero que tenía mucho frío. El parque estaba en lo alto de una colina y el viento de aquella tarde corría helado entre los árboles.
Conmovida, la mujer decidió quitarle a su hija uno de los suéteres que llevaba y se lo ofreció a la pequeña, prometiendo que al día siguiente pasaría a recogerlo. Antes de marcharse, le preguntó dónde vivía.
La niña respondió con naturalidad, como quien da una dirección conocida. La mujer y su hija se retiraron del parque, dejando a la menor sentada en una banca, envuelta en el suéter.
La casa donde nadie la esperaba
Al día siguiente, fiel a su palabra, la mujer acudió al domicilio que la niña le había indicado. Al tocar la puerta, una señora abrió. Bastó que escuchara el motivo de la visita para romper en llanto.
—Mi hija murió hace años —dijo entre sollozos.
La mujer sintió que el cuerpo se le helaba. La madre explicó que la niña había fallecido siendo pequeña y que había sido enterrada en el antiguo cementerio que ocupaba el terreno donde ahora se levantaba Reino Mágico.
Al mostrarle una fotografía, la visitante reconoció de inmediato el rostro: era la misma niña a la que había dado el suéter.
Aún incrédula, pidió acompañarla a la nueva tumba donde descansaban los restos. No había duda alguna.
El regreso al parque
Confundida y temblorosa, la mujer volvió esa misma tarde a Reino Mágico. Al llegar, el aire volvió a sentirse frío… y allí estaba de nuevo la niña, sentada en la misma banca. La mujer se acercó, conteniendo el miedo, y le preguntó qué había pasado con ella. La pequeña sonrió.
Le dijo que su mamá la llevaba todas las tardes al parque para que se divirtiera. Luego, con cuidado, le devolvió el suéter, agradeciéndole por haberla cobijado cuando tuvo frío.
Cuando la mujer tomó la prenda y bajó la mirada un instante, la niña ya no estaba. La buscó por todo el parque, entre juegos y senderos, pero no la volvió a ver. Presa del terror, salió corriendo del lugar.
La banca que no se enfría
Desde entonces, visitantes y deportistas aseguran que, al caer la tarde, una niña solitaria puede verse sentada en una banca, esperando a su madre. Dicen que siempre parece tener frío, aunque el día haya sido caluroso.
Y que quien se acerca demasiado, siente un escalofrío que no viene del viento… sino del pasado.
Mis queridas almas lectoras, hay fantasmas que no asustan con gritos ni apariciones violentas. Algunos solo esperan… porque nunca les explicaron por qué ya no podían volver a casa.
A su mercé…
Si este relato fue de su agrado, humildemente pido nos ayude compartiéndolo a sus familiares y allegados durante una reunión en una negra noche. O por medio de un compartir en su red social. Si la leyenda atenta a su cultura, pues es distinta a la alojada en su memoria, pido a su mercé que sea indulgente, pues es así como el relato llegó a mis oídos y es mi forma particular de compartirla.
Recuerde que, por ser leyenda, puede o no tener una base real y contener una increíble dosis de libertad literaria, ya sea por la región donde fue relatada o por quien la narra.
Hasta la próxima, garbancer@s.
Este texto es una versión creada por El Cronista Garbancero
a partir de la página: Imagen de Veracruz
