
Mis queridas almas lectoras cuando la noche cae sobre los hospitales, el silencio no siempre es señal de calma; a veces, es apenas el preludio de aquello que no pertenece al mundo de los vivos. Entre paredes blancas, pasillos interminables y luces que titilan con cansancio, se dice que hay presencias que se niegan a marcharse… y que en la Cruz Verde de Monterrey, una de ellas tiene la risa tenue y los pasos ligeros de un niño.
El inicio de los sucesos
Los vecinos comentan y algunos mayores afirman que en el área de enseñanza del recinto, cuando el reloj marca horas en que pocos desean estar despiertos, una sombra vaga sin descanso. No se presenta como figura definida, sino como un fragmento de oscuridad que se desliza por las paredes y que, con traviesa insistencia, altera la quietud del lugar. Muebles que crujen sin ser tocados, puertas que reciben golpes secos y repentinos, y pasos que corren sin dueño por los pasillos… tales son los avisos de su presencia.
Un paramédico, hombre de oficio firme y temple probado, relató que cierta noche, al percibir un movimiento inusual, acudió con otros compañeros al origen del ruido. Fue entonces que observaron cómo un pesado garrafón de agua había sido desplazado más de un metro, como si manos invisibles jugaran con él. No hubo explicación que bastara, ni razón que calmara el desasosiego que comenzó a instalarse en sus corazones.
Golpes en la puerta y pasos que huyen
Otra noche, en el cuarto de descanso, un golpe seco despertó a uno de los trabajadores. No fue un sonido cualquiera, sino uno cargado de urgencia, como si alguien reclamara atención desde el otro lado. Al incorporarse, notó cómo una toalla caía de su sitio con violencia, como si hubiese sido arrancada por una fuerza invisible. Al abrir la puerta, apenas alcanzó a ver una sombra que corría por el pasillo.
Intentó seguirla, guiado más por la incredulidad que por el valor, mas al acercarse comprendió lo imposible: aquello no era persona alguna… era tan solo una sombra que huía, ligera y esquiva, como si se burlara de quien osara perseguirla.
El rostro que apareció sin ser invitado
Mas el hecho que aún hoy eriza la piel de quienes lo escuchan ocurrió en la sala de urgencias. Durante una intervención médica, se tomó una fotografía con fines de enseñanza. Todo parecía en orden: una paciente, acompañada únicamente por tres adultos.
Tiempo después, al revisar la imagen, surgió el desconcierto… pues en ella aparecía un niño.
No había estado ahí. Nadie lo vio entrar. Nadie lo escuchó. Y, sin embargo, su presencia quedó atrapada en la imagen, como un testigo silencioso de lo ocurrido. Expertos examinaron la fotografía y coincidieron en que no había engaño alguno; aquello que se veía… había estado realmente allí.
Travesuras entre los vivos
Desde entonces, no han sido pocos los que aseguran haber visto a un pequeño deambular por los pasillos, como si aquel sitio fuese su hogar. No muestra malicia abierta, pero su presencia inquieta, pues juega con objetos, golpea puertas y se deja ver apenas lo suficiente para sembrar duda y temor.
Algunos dicen que la muerte no lo llevó lejos, que algo en aquel lugar lo retuvo… quizá un último instante no comprendido, quizá una despedida que nunca ocurrió. Y así, como niño que no entiende su destino, vaga entre los vivos, haciendo de la noche su patio de juegos.
Hay almas que parten en silencio… y hay otras que, por razones que ni el cielo ni la tierra explican, se quedan rondando donde alguna vez latió su historia. Porque cuando un espíritu no encuentra reposo, ni la ciencia más avanzada puede ofrecerle descanso.
A su mercé…
Si este relato fue de su agrado, humildemente pido nos ayude compartiéndolo a sus familiares y allegados durante una reunión en una negra noche. O por medio de un compartir en su red social. Si la leyenda atenta a su cultura, pues es distinta a la alojada en su memoria, pido a su mercé que sea indulgente, pues es así como el relato llegó a mis oídos y es mi forma particular de compartirla.
Recuerde que, por ser leyenda, puede o no tener una base real y contener una increíble dosis de libertad literaria, ya sea por la región donde fue relatada o por quien la narra.
Hasta la próxima, garbancer@s.
Basado en la obra de Anónimo, Relatos urbanos del norte de México, 2005.
