
Mis queridas almas lectoras, hay relatos que no nacen del miedo, sino del silencio que queda después de que el miedo se ha ido. Historias que se susurran con cautela en calles antiguas, donde cada piedra guarda memoria y cada sombra parece observar. Tal es el caso de San Juan del Río, en Querétaro, donde en una calle de nombre común, pero destino extraño, se gestó una de esas historias que aún erizan la piel de quien la escucha.
El origen de la criatura
Los vecinos comentan y algunos mayores afirman que hace ya muchos años, en la calle de Cuauhtémoc, una anciana fue testigo de un hecho que ningún cristiano hubiera querido presenciar. Un resplandor rojo, intenso como brasa viva, iluminó la noche, y de aquel fulgor brotó un pequeño perro.
No ladraba como los demás ni buscaba alimento con la desesperación de los animales abandonados. Sin embargo, la mujer, movida por la caridad o quizá por la imprudencia, decidió llevarlo a su hogar. Lo acomodó en su cuarto y, como si nada extraordinario hubiese ocurrido, el animal se durmió.
El despertar bajo la luna
El día transcurrió sin sobresaltos, pero la noche, ah… la noche no perdona aquello que ha sido engendrado en sombras. Al alzarse la luna, el pequeño animal se transformó en una bestia de proporciones aterradoras.
Sus ojos ardían como brasas y su cuerpo creció hasta convertirse en una criatura de malicia evidente. Derribó la puerta sin esfuerzo y escapó hacia el centro del pueblo, como si supiera exactamente a dónde debía dirigirse.
El misterio de las casas marcadas
Recorrió las calles con sigilo, deteniéndose únicamente en ciertas casas. Nadie comprendía qué era lo que buscaba, pero de cada una salía cargando bultos que la oscuridad ocultaba.
Al amanecer, la verdad se reveló con una crudeza que ni el más valiente podía soportar: aquellas casas tenían niños… y los niños habían desaparecido.
El pueblo entero se estremeció. No era un animal cualquiera, sino un emisario del horror.
La caza del monstruo
Varias noches repitieron la tragedia hasta que los hombres, armados más de coraje que de certeza, decidieron enfrentarlo. Pistolas, cuchillos y hasta sartenes fueron alzados contra aquello que no comprendían.
En una granja, un campesino logró verlo y le disparó. La criatura apenas reaccionó. Se mantuvo inmóvil, como si el daño no tuviera significado alguno. Luego, con violencia despiadada, lo mordió y entró a la casa para llevarse a otro niño, perdiéndose después entre los campos.
El sacrificio y la caída del demonio
Un sacerdote, perturbado por los sucesos, decidió intervenir. Comprendía que aquello no era obra de este mundo.
Guiados por la anciana, quien confesó el origen del animal, los hombres esperaron el amanecer. Fue entonces cuando encontraron al perro, vigilando un agujero donde mantenía a los niños.
Rodearon a la criatura, y cuando intentó escapar, el sacerdote, con fe temblorosa pero firme, le clavó un cuchillo. El animal respondió con una mordida feroz, mas ya debilitado por su forma ordinaria, no pudo resistir.
Así cayó aquella bestia nacida del resplandor rojo.
El eco que no se apaga
Los niños fueron rescatados, sí… pero nunca volvieron a ser los mismos.
Dicen que, en noches de luna llena, sus ojos brillaban con un rojo inquietante y sus voces se transformaban en aullidos dirigidos al cielo.
Y el sacerdote… aquel hombre valiente, no sobrevivió a la herida. Murió días después, como si la maldad hubiese dejado en él una marca imborrable.
Hay males que no se vencen del todo, muchacho… sólo se les obliga a guardar silencio por un tiempo. Y cuando uno recoge lo que no comprende, debe estar listo para pagar el precio de su ignorancia.
A su mercé…
Si este relato fue de su agrado, humildemente pido nos ayude compartiéndolo a sus familiares y allegados durante una reunión en una negra noche. O por medio de un compartir en su red social. Si la leyenda atenta a su cultura, pues es distinta a la alojada en su memoria, pido a su mercé que sea indulgente, pues es así como el relato llegó a mis oídos y es mi forma particular de compartirla.
Recuerde que, por ser leyenda, puede o no tener una base real y contener una increíble dosis de libertad literaria, ya sea por la región donde fue relatada o por quien la narra.
Hasta la próxima, garbancer@s.
Basado en la obra de Oliver Barona, Leyendas de Querétaro
